Post invitado: La vida sin diccionario


El viernes pasado tuve la oportunidad de asistir a la presentación en Salamanca del diccionario español-islandés, editado en Islandia por Forlagið y presentado allí en agosto pasado. Lo cierto es que el acto estuvo muy ameno (lástima que no acudiese mucho público) y de paso pude rascar información para un articulito en ELPAÍS.com y dar un poco de difusión a la noticia. La presentación contó además con un ‘mini-concierto’ del guitarrista islandés Pétur Jónasson y con la intervención de mi padre, que me ha cedido el texto que leyó…

La vida sin diccionario

Por KRISTINN R. ÓLAFSSON

Señoras y señores.

Los organizadores de este acto, por parte islandesa, me han, más o menos, impuesto el título de esta breve charla: “La vida sin diccionario”. Se refieren, supongo, a la vida sin un buen diccionario español-islandés como éste que se presenta aquí. Más tarde les contaré cómo es esa vida… que no es vida… Pero antes, permítanme contarles cómo conseguí mi primer diccionario en España…, ¡y no un diccionario cualquiera, no!… Fue una noche de invierno, una noche oscura por aquella época oscura, pero esperanzadora, en la que un tal Paco Franco, por fin, había estirado la pata, Deo gratias, y corrían nuevos vientos por aquella España, por aquella Barcelona donde me encontraba, supuestamente, estudiando español, o mejor dicho, corríamos nosotros delante de los grises…, fue una de esas noches cuando adquirí el diccionario en cuestión. Pero antes, por la mañana bajé por Las Ramblas hasta el puerto a ver si veía ese mercante de bandera islandesa que un compañero de piso dijo haber visto atracado. No me acuerdo cómo sucedió, pero llegué a contactar con algunos de la tripulación, no sé si dio la casualidad de que les vi y oí por los muelles: el caso es que entablamos conversación y, al final, quedé en llevarles a conocer Barcelona la nuit. Y ni corto ni perezoso, zarpé aquella misma noche con ellos rumbo al famoso, o infame, Barrio Chino, … de picos pardos… Mi corta memoria, quizás también algo borrosa por los obligados tragos, y seguramente de garrafón, en los tugurios aquellos del Barri Xinés, no me permite ahora recordar en qué lugar, o por qué, les dejé allí, a altas horas de la madrugada. Lo único que recuerdo es que los buenos marineros compatriotas insistieron en pagarle algo al improvisado guía. Y contento como unas castañuelas, subí por las Ramblas con ese dinerito extra en el bolsillo, encontrándome con que algunos de los quioscos de prensa seguían abiertos. Y allí lo vi y allí lo compré, un diccionario recién publicado en dos tomos, edición de bolsillo, la mejor compra, dado el origen de esos honorarios: pues, compré nada más y nada menos que El Diccionario Secreto, de Camilo José Cela… Y en sus páginas, me enteré de que las mujeres que abundaban, precisamente, en el Barrio Chino barcelonés, se podían llamar de muchas formas, por ejemplo “izas, rabizas y colipoterras”. Y que los hombres aficionados a las izas, rabizas y colipoterras se llamaban… pu…: bueno…, es una palabra que no me atrevo a pronunciar aquí ante tan docta y distinguida concurrencia; me limito a señalar que empieza por la pe… y acaba por -ero…

Y al que viste y calza, podríamos también llamarle por un vocablo que empieza percisamente por la pe… y acaba por …ero: pues vivo la contradicción de ser a la vez algo taciturno, como muchos nórdicos, y un palabrero… Sí, señoras y señores, lo admito, soy un palabrero, es decir, vivo de las palabras. Todo lo que hago para ganarme el pan tiene algo que ver con las palabras, normalmente palabras dichas y habladas, pero también la mayoría de las veces previamente escritas, y casi siempre traduciendo algo, y no sólo palabras sino también realidades: la española a mis compatriotas a través de mis crónicas de radio, la islandesa a los de aquí de muchas otras maneras… Y para un  palabrero como yo no ha sido fácil sobrevivir sin este deseado diccionaro español-islandés, me las he tenido que arreglar como he podido, con listados, a través de otras lenguas, etc., incluso inventándome palabras en islandés… Porque también soy, modestia aparte, “inventor de palabras, con las que contribuyo al léxico patrio”… como dijo, precisamente, Cela en su intervención en la versión cinematográfica de su novela la Colmena. Hace algunos años traduje esa obra al islandés, después de haber vertido La Familia de Pascual Duarte, con la que, entre pitos y flautas, tardé 12 años, ni más ni menos. Y todavía me acuerdo cómo me las vi y me las deseé para encontrar o inventar una expresión en islandés para traducir “medio machorra”, que es cómo Pascual describe a su madre y sus partos duros. Tardé seis meses en dar con algo medianamente aceptable. Así es la vida sin diccionario, un sin vivir, un no vivir.

Pero ahora tenemos este diccionario: tuve la suerte de encontrarme en Islandia cuando salió el pasado agosto y de que los autores tuvieran la gentileza de invitarme al acto de su lanzamiento. Y yo, con ese espíritu “celaniano”, aprendido desde aquella compra nocturna en la Ramblas, lo primero que busqué eran esos palabros que tanto usan los españoles en su hablar diario, y ¡estaban!, entre ellos la palabra “cojonudo”… Buena señal me pareció: y doy fe de que es un diccionario cojonudo.

Por cierto, el islandés es una lengua donde las palabras son, tienden a ser, tienen que ser en general transparentes, es decir, han de transmitir lo que dicen. Aunque el islandés no es, como lengua, una virgen inmaculada, ni falta que le hace, y ha incorporado y adecuado un sinfín de extranjerismos, en sí es una lengua bastante purista, o pura si se quiere. Y esa lengua vikinga todavía viva, normalmente no admite que se coja cualquier vocablo finolis del griego o del latín y se empiece a usarlo sin más. Por ejemplo, geografía, en islandés NO es geografí o algo por el estilo, sino landafræði, literalmente algo así como “conocimiento de tierras/conocimiento de países”; psicólogo es sálfræðingur, es decir, “conocedor del alma” y ginecólogo es kvensjúkdómalæknir, o “médico de las enfermedades de las mujeres”… Y, diccionario se llama orðabók, o sea “libro de palabras”.

 Y ¿qué mejor libro puede haber para un palabrero que un libro de palabras?

  Dixi.

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~ por Alda Ólafsson en 9 junio, 2008.

7 comentarios to “Post invitado: La vida sin diccionario”

  1. Llevo tiempo esperando con ganas a que en España también podamos cotnar con un diccionario para aquellos que nos apasiona el idioma de Islandia. Al vivir donde vivo no dispongo que profesores ni de libros en los que basarme, así que intento aprender islandés como puedo (evidentemente mal jajaja) y gracias a las extrañas webs que he encontrado sobre como aprender islandés y a este diccionario creo que podré sacar partido a todo, aunque solos ea un poqutio. Lo peor son esos 62 eurazos que duelen a cualquier estudiante sin ingresos fijos… pero el que algo queire algo le cuesta.

    Espero hacerme con él en el transcurso del verano y poder centrarme más en el islandés 🙂

    P.D: Felicidades por el blog porque entre este y el cueaderno del feroés me hacéis amenos los días… ojalá consiga pasar un par de semanas por la inóspita Islandia… que visto lo vistos erá cuando peuda pagarme los viajes de Tierra de Fuego xD

  2. Gran discurso de Kristinn “Palabrero” Ólafsson 🙂
    Y buena noticia la publicación del diccionario en España, por fin. Es un excelente diccionario.
    Una pregunta, Alda. Me ha parecido leer en tu artículo de ELPAÍS.com que el segundo tomo se publicará a finales de año. Te refieres a que se va a publicar el diccionario islandés-español? Si fuera así, me llevaría una alegría tremenda, porque me facilitaría mucho el aprendizaje 🙂
    Un saludo.

  3. Eso es, Alejandro, ahora mismo están ultimando los detalles del islandés-español… La verdad es que va a facilitar mucho las cosas cuando salga… Un saludo

  4. Es una gran noticia, desde luego. Me he llevado esperándolo desde que me compré el primero el año pasado. Siempre que pasaba por una librería lo buscaba por si acaso.
    Por cierto, saliéndome un poco del tema… Me encantan los anuncios del café Merrild 🙂
    Un saludo.

  5. Jajaja, entonces sabrás que han prohibido la emisión de los anuncios…

  6. Pues no sabía que habían prohibido su emisión… Cuándo ha sido eso? y por qué? Los he estado viendo en la tele hasta hace poco.

  7. Curiosamente, en (mi querida) llengua murciana “diccionario” se dice “parablero” (del latín “parabola”, “parabolare”):
    http://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?METHOD=AMPLIAFOTO&titulo=I%20Simposio%20sobre%20el%20Murciano%20y%20sus%20variedades%20l%C3%A9xicas%20comarcales&idImagen=89790

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