El adiós a un símbolo


Islandia sigue llorando la muerte de Bobby Fischer, el gran ajedrecista estadounidense que el pasado 18 de enero falleció a los 64 años (curiosamente el mismo número de casillas que tiene el tablero de ajedrez). Publicaba El País el pasado domingo un magnífico reportaje en el que John Carlin escribe acerca de sus últimos días de vida. En él destaca la presencia en la vida de Fischer de un islandés, Sæmi Pálsson, que fue su guardaespaldas en sus momentos de más auge. Según este artículo, el islandés fue también el artífice de que en 2005, Fischer consiguiese el asilo en Islandia.

Pálsson o Sæmi rokk, como se le conoce comúnmente, no supo dónde iba a estar su tumba hasta después de que lo enterraran. Cualquiera que quiera, puede visitarla en el cementerio de Laugardæl, en una pequeña iglesia al oeste de Reikiavik, cerca de Selfoss. La prensa islandesa asegura que numerosas personas han visitado su sepultura los últimos días. Islandia fue escenario en 1972 del famoso duelo de ajedrez entre Fischer y el campeón soviético Boris Spassky, que luchaban por la corona mundial en plena Guerra Fría. De ahí que su simpatía por él vaya más allá de su difícil carácter y se corresponda más con lo que Bobby significó y significa para el país.

Kasparov, otro de los grandes jugadores de ajedrez de todos los tiempos, publicó la semana pasada un artículo en la revista estadounidense Time Magazine donde asegura que es lógico que Fischer eligiese Islandia para vivir sus últimos años, ya que “allí era querido de la mejor manera posible: como ajedrecista”.

Mientras, Sæmi rokk llora también la pérdida de su amigo en la televisión islandesa y reconoce que va a tardar en recuperarse porque ya le echa de menos. Al igual que él, Islandia también añorará la proyección internacional que el jugador le dio y le sigue dando y lo que para el país representaba que todo un símbolo eligiese vivir allí y no en ningún otro lugar.

Bobby Fischer, poco después de llegar a Islandia en 2005.

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~ por Alda Ólafsson en 30 enero, 2008.

2 comentarios to “El adiós a un símbolo”

  1. Fischer es uno de lo últimos ajedrecistas aureolados con ese halo místico que rodea la memoria de los grandes maestros de antaño. Creo que el último es Kasparov. Sus sucesores no lo tienen. El primero, para mí, es Capablanca. De Capablanca a Kasparov hay un grupo de élus que tienen un nosequé que parece ir un poco más allá de lo humano. Fischer era uno de ellos.

  2. Excelente e interesante tema y sitio

    Saludos

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