De vuelta al edredón


Esta noche he vuelto a dormir arropada por un edredón. Parecerá mentira que en pleno agosto haya sido así, pero los 9 grados de Reykjavík me han obligado a ello. Anoche, cuando mi padre y yo aterrizamos en Keflavík, el aeropuerto internacional -a una hora o menos de la capital-, el sol por el oeste aún no se había puesto y ni un sólo atisbo de viento nos alegraba la llegada. Ni una sola estrella se divisaba todavía en el firmamento, y es que no llegó a hacerse de noche; tal vez lo más negro era la tierra volcánica, tan familiar para mí como extraña.

Hoy me he despertado en una cama ajena, sobre las 8 hora islandesa (dos horas menos que en España), con los rayos de un intenso sol cegándome los ojos y con el edredón hecho un gurruño entre mis piernas. En esta casa estaré dos semanas; es la casa de Anna, una vieja amiga de mis padres, que estuvo casada con un español y tiene dos hijas medio españolas, medio islandesas (como yo). Anoche conocí a una de ellas, Silja. Es rubia, piel blanca, y bastante alta, y nadie distinguiría en ella ni un litro de sangre española si no fuera por el “Buenas noches, duerme bien” que me dedicó antes de irse a dormir. Mientras escribo este blog, la otra de las hijas, Sif, la mayor, se está dando una ducha. Todavía no he coincidido con ella; hoy pasaremos el día juntas.

Adjunto con este ‘post’ una foto que mi padre tomó ayer en Copenhague (tuvimos unas siete horas libres antes de coger el avión hacia Keflavík), una ciudad que tiene muchos vínculos con Islandia, ya que fue su capital hasta 1918, fecha en que a los islandeses se les reconoció la autonomía respecto a la corona danesa. La capital de Dinamarca, una ciudad interesante como pocas, conserva aún ciertos rincones repletos de casas típicas de aire colonial. Ayer pasamos allí unas siete horas (a la espera de que saliese nuestro vuelo) y fue interesante ver en las calles tantas lenguas entremezcladas. Suecos, argentinos, japoneses, islandeses y españoles paseaban por la calle principal (‘strøget’), una de las calles más comerciales de la ciudad. Resulta curioso cómo entre tanta gente fui capaz de distinguir perfectamente a los grupos de españoles: mochila al hombro, chubasquero puesto, guía de Dinamarca en la mano y ese aire en la cara inconfundible.

Copenhague

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~ por Alda Ólafsson en 18 agosto, 2007.

Una respuesta to “De vuelta al edredón”

  1. De eso deveria tratarse la vida…de disfrutar de cada paso que damos,….la mejor de la suerte en tu viaje

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