De la granja al estómago
Los granjeros islandeses quieren aportar su granito de arena a la reducción de las emisiones de CO2. Lo que desean es incrementar la producción de alimentos finales, como queso, mermelada o carne, en sus propias granjas y han decidido presionar para obtener los correspondientes permisos. Los granjeros están convencidos de que la propuesta sería además un reclamo para los turistas, ya que se crearía una especie de “turismo de alimentos”, donde los visitantes tendrían la posibilidad de asistir a todo el proceso de producción de la carne.
Lo cierto es que medidas como éstas reducirían, por ejemplo, el transporte de animales de granja y productos alimenticios finales al mercado local, y según los granjeros, eso ayudaría a reducir la emisión a la atmósfera de dióxido de carbono, ya que gran parte de estas emisiones están relacionadas con los sectores de la producción y el transporte de alimentos.
La iniciativa, impulsada por la Asociación Islandesa de Granjeros, forma parte de un proyecto nórdico creado para incrementar la producción en estos núcleos del Norte de Europa. Según Árni Jósteinsson, portavoz de la citada asociación, en otros países como Austria o Alemania está mucho más extendido que los granjeros vendan sus productos directamente, y por ello, piden que la práctica se expanda también en Islandia.
”Nos hemos dado cuenta de que la ley se interpreta allí de forma distinta que en los países nórdicos y este proyecto tiene como fin estudiar estas diferencias de interpretación”, recalcó Jósteinsson.
Aunque el coste de los servicios veterinarios y la puesta en marcha de pequeños mataderos en las granjas sería bastante elevado, según Jósteinsson, en general, la producción “en casa” sería “beneficiosa”.

Fotografía: S. Morrison



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