Una reciente encuesta entre casi 800 inmigrantes refleja que más de la mitad de ellos están bastante o muy contentos con su vida en Islandia. Sin embargo, el mismo número considera bastante o muy difícil aprender islandés, aseguraba el diario Morgunbladid hace dos días, coincidiendo con la celebración del Día Nacional de esta lengua. Según el mismo estudio, el 25% de los inmigrantes nunca ha asistido a un curso de islandés y sólo el 18% ha acudido a un curso de vikingo impartido en su lengua natal.
¿Resulta tan difícil aprender islandés al llegar a la isla? ¿Los empresarios lo consideran requisito imprescindible para contratar a alguien? Esta discusión no es nueva, al menos no en este blog, pero esta vez me da pie para hablar de una curiosa moda surgida en los últimos meses.
Sé de buena tinta que en Reikiavik se pueden comprar camisetas con el lema: Ég tala ekki íslensku (No hablo islandés). Desconozco a quién va dirigida esta nueva tendencia, pero supongo que muchos querrán vestirse con estas camisetas para evitar dar explicaciones, y no hablo sólo de los inmigrantes contratados en supermercados o cafeterías que únicamente hacen uso del inglés para atender a sus clientes, sino también de quienes permiten esa situación.
Os diré que yo tengo en mi poder una de las camisetas de la polémica, eso sí, tuneada. En su última visita a Islandia, mi padre fue a una de estas tiendas y pidió que le confeccionasen una (podéis ver un detalle en la imagen) con el lema: Ég tala ekki sko íslensku (Yo no sí que hablo islandés). Quién sabe. Puede que esta moda a la inversa acabe triunfando, o eso me gustaría.
Aprovecho para recordar el enlace a un curso de islandés en la Red.







Ahogar las penas


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