Todos somos primos de Björk

•18 abril, 2013 • 2 comentarios

“Todos somos primos de Björk” no es algo extraño dicho en boca de un islandés. Es más, ha dejado de ser un simple comentario con cierta guasa para convertirse en un hecho que hay que tener en cuenta. Y si no que se lo digan a los creadores de una nueva aplicación para el móvil que comprueba si el que tienes delante está emparentado contigo, no vaya a ser que por tu cabeza se haya pasado algo más que tomarte un simple café.

Ya fuera de bromas: recuerdo ver a mi padre un día imprimir su (mi) árbol genealógico. Simplemente con un click accedió al Libro de los Islandeses (Íslendingabók), una enorme base de datos genealógica. Allí se descargó una ficha con los nombres y profesiones de sus antepasados, incluso de aquellos que vivieron en el siglo XIII. “Sabrás que tu tataratataratatarabuelo, Ögmundur í Auraseli, nacido en el siglo XIX, fue el último brujo de Islandia”, me comentaba con cara de ilusión mientras señalaba la pantalla. Su emoción no es para menos porque él, como el resto de estos nórdicos, son unos privilegiados en muchas cosas, pero si hay una que les enorgullezca especialmente es su genética.

Son pocos (cerca de 320.000) y a lo largo de la historia han estado muy aislados, circunstancias que han hecho que, desde hace ya algunos años, estén en el punto de mira de los científicos. Sus genes son importantes porque facilitan el estudio de enfermedades complejas, como trastornos cardiacos, cáncer, hipertensión, diabetes o Alzheimer. Estudiar el genoma (enorme y variado) de una muestra de personas afectadas y compararlo con una de personas sanas es normalmente demasiado farragoso.

“Buscar genes en poblaciones así supone una ayuda metodológica porque han perdido parte de la diversidad existente en otras poblaciones relacionadas. La población islandesa es ideal para estudiar enfermedades europeas porque ha estado muy aislada en los últimos mil años, pero al mismo tiempo, no es tan pequeña ni ha estado tan aislada como para que todas estas enfermedades que nos interesan no estén representadas”, me explicaba un día el investigador del CSIC Carles Lalueza-Fox.

Hace unos años, este científico del Instituto de Biología Evolutiva fue llamado a Islandia para formar un laboratorio de extracción de ADN de restos antiguos. “Querían analizar todos los restos antiguos existentes en la isla e investigar cuál había sido la estructura genética de la población en los últimos mil años”, me contaba.

Tras analizar 68 esqueletos fechados hace cerca de 1.000 años (momento de la colonización de la isla) observaron que el linaje materno (ADN mitocondrial) en la Edad Media era más parecido al de las poblaciones actuales de Escandinavia y Gran Bretaña que al de los que ahora pueblan Islandia. El trabajo demostraba no sólo que el efecto del azar tiene mucho que decir en los genes de una población tan pequeña, sino que además la mayoría de las mujeres que llegó primero a la isla procedía de las costas de Escocia e Irlanda, regiones muy azotadas por los asaltos vikingos.

Tan atrás no llega el Libro de los Islandeses. No obstante, es sorprendente que se remonte hasta hace más de 1.200 años. Esta base de datos contiene la información genealógica de todo aquel ciudadano islandés que desee registrarse y de aproximadamente el 80% de los islandeses que han existido. El proyecto, fruto de la colaboración entre deCODE Genetics, una compañía biofarmacéutica islandesa, y un informático, recoge datos de diferentes fuentes, como documentos eclesiásticos, censos nacionales, registros, crónicas, varias genealogías o listados de descendientes.

La empresa deCODE – que presume de haber aislado genes que podrían estar relacionados con enfermedades cardiovasculares, el cáncer o la esquizofrenia- se dio a conocer cuando propuso la creación de una base de datos de salud que aglutinara los informes médicos y la información genética y genealógica de todos los islandeses. En 2003, tras años de polémica sembrada tanto en Islandia como en otros países, la Corte Suprema frenó de un soplo las intenciones de la compañía. No obstante, la idea de reunir las genealogías sí salió adelante, alimentando un poco más esa pasión que los originarios de la isla nórdica sienten por la historia de sus antepasados.

Islandia tiende la mano a España… en negocios

•4 febrero, 2013 • Dejar un comentario

A estas alturas, bastantes de vosotros ya sabréis que hace unos días llegó a su fin “el caso Icesave”, uno de los grandes problemas heredados del estallido de la crisis. La Corte de la EFTA (Asociación Europea de Libre Comercio) anunció la semana pasada que Islandia había ganado los dos casos abiertos ante la ESA (EFTA Surveillance Authority). La noticia, reflejada en medios de todo el mundo, supone reconocer la derrota de Reino Unido y Holanda; eso sí, se trata de un veredicto más simbólico que otra cosa, ya que el Estado islandés ya lleva tiempo devolviendo la deuda que en su momento generó la quiebra de la filial del Landsbanki. Si el asunto, tan peliagudo, acabó en el tribunal de la EFTA fue porque, a pesar de que el gobierno islandés nunca se opuso a negociar, los islandeses rechazaron la ley Icesave dos veces en referéndum.

La disputa ha sido un verdadero quebradero de cabeza en los últimos cinco años para Islandia. Ha influido, por ejemplo, en la capacidad del gobierno para gestionar el acceso a los mercados financieros internacionales;  hay voces que aseguran incluso que el “caso Icesave” ha ralentizado el crecimiento económico de la isla.

Sea como fuere, lo cierto es que los signos de recuperación se observan en gestos como el que ha reunido hoy a empresarios islandeses y españoles en Madrid. El país nórdico está decidido a impulsar la iniciativa empresarial española en la isla y, de paso, recuperar lazos que la crisis ha ido debilitando, como el de la pesca. Nunca antes en España se había organizado un encuentro de este tipo con los dos países como protagonistas.

El ministro islandés de Industria, Steingrímur J. Sigfússon, una figura clave en los últimos años, ha intervenido esta mañana en esta jornada con una conferencia titulada El caso de Islandia: mito o realidad. Pero el interés de los nórdicos no se centra sólo en fortalecer los contactos comerciales en materia de pesca, sino también en turismo y en energía. Es más, en los últimos años, el gobierno ha tratado de buscar inversores extranjeros para desarrollar proyectos en los sectores de alto consumo energético, principalmente en energía geotérmica.

El pueblo de las focas

•24 octubre, 2012 • Dejar un comentario

Dejadme que os hable de Hvammstangi, una pequeña ciudad al norte de Islandia y parada obligatoria si estáis pensando en dar la vuelta a la isla. Su magnífica ubicación y su fiordo lo convirtieron ya en 1846 en un punto comercial destacado de la isla. Se sitúa muy cerca de la carretera principal (la que da la vuelta entera a todo el país), en la península de Vatnsnes, y todavía se pueden observar los vestigios de haber sido fundamentalmente una villa pesquera (las reinas son las gambas). Ahora destaca, sin duda, por su fauna, ya que se pueden ver multitud de aves e, incluso, focas, que muchas veced se acercan a echar un vistazo al pueblecito.

Recuerdo cuando este verano, a mediados de julio y al atardecer, llegué por primera vez a este lugar, precisamente con la esperanza de ver alguna foca (la imagen de este animal aparece en todas partes, incluso en la señal de tráfico que indica dónde se sitúa el pueblo). Nos alojamos en un camping cercano con pequeñas cabañas, situado en Viðidalur (los precios eran asequibles, no una ganga, pero asequibles), pero no dudamos en acercarnos a Hvammstangi, marcado en todas las guías y mapas de viaje. Vimos que los turistas brillaban por su ausencia, lo que nos resultó positivo, pero también los habitantes en general. No sé si todos se encontraban en ese momento en la piscina, con muy buena pinta, por cierto, aunque no entramos, pero después de un día espléndido y soleado parecía que todos habían agotado ya sus horas en la calle.

Muy cerca de donde nos alojamos hay un par de cascadas que merece la pena visitar. Están en Kolugljúfur, un pequeño cañón muy hermoso y accesible en coche, en el río Víðidalsá. Si tenéis la oportunidad de acercaros, mirad con atención cómo se ha roto la corteza terrestre y cómo el agua se ha abierto paso irrumpiendo entre la lava.

Os dejo una foto de este fabuloso cañón y os recuerdo que aquí he colgado una selección de las fotos de mi viaje a Islandia 2012. Ya os voy anunciando cuál va a ser la próxima parada: Akureyri y Húsavík.

Cascada en el bello cañón de Kolugljúfur, al norte de Islandia

Un berserker en el escenario

•16 septiembre, 2012 • 4 comentarios

Una cosa menos que hacer en la vida: he visto a Sigur Rós en directo. Fue el viernes en Madrid, durante el Dcode fest, y debo reconocer que no me esperaba que el chorro de voz de Jónsi sonase aún mejor en el escenario. Su potente y especial registro (que algún crítico musical ha descrito como “gemido de ballena hipnotizada”) irrumpe en el alma mucho antes de hacerlo en los oídos.

Pero antes de ponerme poética, dejadme que empiece desde el principio. 23.20 horas del viernes 14 de septiembre. Los reunidos en el complejo de Cantarranas nos disponíamos a comprobar qué era lo que los islandeses venían a ofrecer. El escenario aún no se había iluminado, pero los primeros acordes de Lagið í gær, con una puntualidad británica, comenzaron a surgir de la oscuridad. Ya estaban allí, rodeados de sus músicos y de una decena de bombillas colocadas estratégicamente para iluminar las 15.000 almas que estábamos pendientes de ser conmovidas. Miré un momento a la primera fila del público: ojos como platos, manos agarradas con firmeza a la valla, y silencio, mucho silencio, porque estaba claro que los aplausos, los gritos, romperían la armonía de un inicio que prometía ser potente, como la bella voz de castrato de Jónsi, que ya había surgido de la nada casi sin darse uno cuenta. Y allí estaba el vocalista, con su habitual pose y los ojos cerrados, tocando su guitarra como si fuera un violín. “¡Jónsi, te quiero!”, gritó una chica desde el público. El comienzo del concierto no podía haber sido mejor.

A este tema le siguieron unos cuantos perfectamente escogidos para deleitar y emocionar al público. Era la gira de presentación de Valtari, pero no faltaron algunas de sus grandes composiciones como Vaka, Sæglópur, Svefn-G-Englar o Hoppípolla. Puede parecer, para los que no están acostumbrados a su música, que los inicios de sus canciones son somnolientos, tranquilos, pero lo cierto es que a medida que escuchas uno de sus temas, la belleza de sus instrumentos, la sonoridad de la voz, va en aumento hasta explotar con una fuerza inesperada.

Jónsi es el vivo ejemplo de esa paz que se convierte en fuerza y agresividad. No hay más que ver su actitud subido a un escenario. Él mismo lo ha confesado en alguna entrevista: cierra los ojos y se evade como si estuviera solo, flotando, como si no estuviera cantando ante miles de personas. Parece mentira que un cuerpo tan endeble en apariencia esconda a un auténtico berserker. No se me ocurre mejor definición que esta para el trance en el que parece estar sumido cuando canta. En esos momentos es capaz de todo, parece insensible al dolor y su voz surge con la misma furia con la que luchaban los guerreros vikingos. El resto no podemos hacer otra cosa que dejarnos llevar también por esa fuerza desgarradora, que además es mágica en canciones como Popplagið, de su álbum Inni, la escogida para acabar el concierto. No hubo bises. Y no hizo falta. En la memoria llevo grabado haberles visto tirar al suelo sus instrumentos con un arrebato antes de hacer una reverencia y salir del escenario.

Lee la crítica de Fernando Neira en El País.

Sigur Rós en el Dcode Fest

La península del pico nevado

•30 agosto, 2012 • 3 comentarios

A pesar de su complicado nombre para los hispanohablantes, Snæfellsnes es la península con más encanto de Islandia. Ya hace más de un mes que volví de mi viaje a la isla, pero no puedo dejar de pensar en el acierto que fue comenzar mi recorrido precisamente por este lugar tan literario. Tras una parada obligada en Borgarnes, con visita al Museo de la Colonización incluida (cuentan con una audio-guía en castellano), y un pequeño vistazo a las cascadas Barnafoss y Hraunfossar (las recomiendo fervientemente por su misteriosa belleza, aunque no aparezcan destacadas en las principales guías), llegué a la península cuando el Sol comenzaba a descender en el horizonte, sin llegar a posarse.

Verne ya lo vio claro: si había un punto adecuado para buscar el centro de la Tierra, ese era Snæfellsjökull, con su pico nevado y su forma de auténtico volcán. Este glaciar, sin duda uno de los atractivos de Snaefellsnes, ha sido la inspiración de muchas leyendas y se cree que esconde poderes más cercanos a lo místico que a lo volcánico. Su última erupción fue hace casi 2.000 años, un dato que posiblemente hayan tenido en cuenta los habitantes de las poblaciones de la zona. Cuando el tiempo lo permite, es posible ver esta montaña nevada desde Reikiavik, y eso que la capital está a unos 192 kilómetros de distancia de la península. Esta misma semana leía con cierta preocupación que el pico más alto del glaciar se ha derretido por primera vez en la historia.

No lo dudé ni un minuto y decidí alojarme en una de las granjas situadas justo a los pies de la hermosa montaña. En concreto, me incliné por Gíslabaer, en la pequeña localidad de Hellnar, con unas vistas privilegiadas. Aunque el precio no fue lo más económico que pensaba encontrarme (5.000 coronas por poner mi saco de dormir y derecho a usar el resto de la casa), no me arrepentí. Me maravillaron las aves en los acantilados, las columnas de basalto, las cuevas y los campos de lava junto al mar. Dicen que a veces es posible ver alguna ballena nadando cerca de esta costa. A mí no se me presentó ninguna, pero me conformé con los caballos islandeses que me encontré mirando al mar, o las ovejas pastando libremente. Eso sí, si alguno vais algún día, no dudéis en tomaros un café en un pequeño sitio que hay muy cerca de un acantilado. Lo reconoceréis enseguida.

Tras Hellnar, decidí seguir mi camino siempre rodeando el glaciar. Hay varias paradas obligatorias, perfectamente señalizadas como puntos de interés para los turistas. No dudé en detenerme en Hellisandur, un pueblito con una playa de arena blanca muy cerca, ubicada entre tanto paisaje negro, y en Ólafsvík, una encantadora localidad de pescadores con una iglesia que destaca por su modernidad.

El otro pilar de la península es la localidad de Stykkishólmur, que a muchos os sonará por su puerto y por las excursiones que parten de él hacia la isla Flatey, en el fiordo de Breiðafjorður. Allí es posible comer un buen perrito islandés (al que le echan todo tipo de ingredientes) en un puestecillo en la calle principal (lo veréis por la cola que suele haber).

Tras este recorrido exprés, sólo me queda decir que en la península se ambienta buena parte de La saga de Laxdæl y en ella nació, según esta obra islandesa, el primer miembro nórdico occidental de la guardia varega, Bolli Bollasson.

No dudéis en pinchar en el álbum de fotos del viaje. Espero que os guste.

Eterno anochecer

•10 julio, 2012 • 2 comentarios

Hace unas horas hemos dado por finalizado el tour de time lapse por el Sur de Islandia. Y lo hemos hecho de la mejor manera posible: fotografiando el anochecer desde Reikiavik, desde una playa negra dominada por un vistoso faro. El Sol no parece ocultarse; de hecho, no lo hace en esta época del año, con lo que mis biorritmos están un poco alterados estos días. Pero no importa, porque los distintos paisajes que he visto me han servido para valorar de nuevo esta tierra llena de contrastes.

Primero fueron las cascadas de Seljalandsfoss y Skógafoss, después el hielo flotante de Jökursárlón, pasando por las extrañas figuras de Reynisdrangar sobre el mar, las impresionantes vistas de Landmannalaugar y la fascinante Gullfoss. Hay pocos kilómetros entre estos puntos, pero la diferencia entre ellos salta a la vista. Dicen los entendidos que no existe ningún otro lugar en el mundo que albergue tantos lugares tan llamativos y misteriosos para fotografiar. Y el verano es ideal porque el anochecer y el amanecer están tan juntos que la luz siempre es especial.

Mi viaje aún no ha acabado. Mañana parto hacia el oeste en coche para empezar la vuelta por la isla. Mi primera parada será en la península de Snæfellsnes, donde se encuentra el volcán en el que Verne se inspiró en Viaje al centro de la Tierra. Dicen que esa región es Islandia en pequeñito porque reúne   todos los paisajes de la isla. Os dejo esta foto del área de Grótta en Reikiavik, al final de la península de Seltjarnarnes, donde estuvimos anoche.

No hay ángulo feo en Jökulsárlón

•8 julio, 2012 • 1 Comentario

He venido a Islandia a encontrar mi lugar favorito de toda la isla. Creo que ayer estuve cerca de encontrarlo o lo encontré, porque no creo que nada pueda superar a lo que fotografié ayer. Llevo desde el jueves haciendo un curso de fotografía, más concretamente, de time lapse y, aparte de acercarme a las claves de esta técnica, por primera vez tengo la oportunidad de pasar horas admirando un lugar sin las prisas del turisteo. Jökulsárlón es probablemente uno de los puntos más turísticos, pero anoche nos aproximamos a este lago salpicado por icebergs desde un ángulo distinto. Pasamos unas cuatro horas sacando instantáneas de los hielos a la deriva, del anochecer y del amanecer (en cuatro horas da tiempo a las dos cosas aquí en verano porque el Sol apenas desaparece del horizonte), de las focas que asomaban la cabeza entre los bloques helados… El cielo, lleno de contrastes, se reflejaba en el lago gris, mientras se escuchaba de vez en cuando el crujir del hielo que se desprendía a lo lejos. “El encuadre, el encuadre es lo importante”, dicen los que entienden de esto, pero en Jökulsárlón no creo que haya encuadre que se escape, porque todos los ángulos son bonitos. Por algo es un escenario de cine.

Los icebergs que hacen único este lago se desprenden de Breiðamerkurjökull, un ramal de Vatnajökull, el glaciar más grande de Europa. He leído que pueden pasar hasta cinco años flotando en esas aguas de 17 kilómetros cuadrados y 600 metros de profundidad. La laguna ha crecido en los últimos años porque el glaciar se ha retirado rápidamente. El cambio climático no se anda con chiquitas y ataca allí donde más duele.

Hoy seguiremos nuestro tour fotográfico por el sur de Islandia. Volveremos sobre nuestros pasos y tal vez nos adentremos en Landmannalaugar, otra de esas regiones que no hay que dejar de ver y de patear. Mientras tenga conexión iré subiendo algunas fotos. Esta de aquí resume el día de ayer.

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