Ya sabréis que McDonald’s ha decidido cerrar los tres establecimientos que tiene en Islandia. Los Big Mac dicen bless (definitivamente tal vez) a la isla debido a los problemas derivados de la descomunal caída de la corona, y sobre todo y lo más importante, porque esta cadena de hamburguesas, símbolo por excelencia de la comida rápida, tiene la política de importar todos los ingredientes de una gigantesca planta en Alemania. Y dado que los aranceles en Islandia son tan elevados, la cadena de restaurantes ha decidido dejar de seguir acumulando pérdidas.
La noticia ha sido recogida por medios digitales de todo el mundo. Sorprende por el impacto mediático global de la marca McDonald’s, que hace que parezca casi imposible que no esté presente en cualquier país desarrollado. Bueno, no creo que Islandia se lamente tanto de esta pérdida. Al menos en términos gastronómicos, seguramente salga ganando. De hecho, estos locales no van a dejar de vender hamburguesas. Pero lo harán con otro nombre y con alimentos puramente islandeses.
Lo que sí está claro es que este anuncio ya supone un cambio de era. O tal vez la culminación de un proceso que comenzó con el fracaso de un sistema de libre mercado llevado hasta sus máximas consecuencias. Dicen que el ex primer ministro islandés Davíð Oddsson, una de las caras de la crisis, principal impulsor del sistema que quebró hace más de un año, fue el primero en comer una hamburguesa del McDonald’s cuando la marca se instaló en la isla casi a mediados de los noventa. No estaría mal que se comiese también la última para confirmar el final de una época.







Ahogar las penas


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